viernes, 27 de noviembre de 2009

EL FAMOSO COHETE

El hijo del rey estaba en vísperas de casarse. Con este motivo el regocijo era general. Estuvo esperando un año entero a su prometida, y al fin llegó ésta. Era una princesa rusa que había hecho el viaje desde Finlandia en un trineo tirado por seis renos, que tenía la forma de un gran cisne de oro; la princesa iba acostada entre las alas del cisne. Su largo manto de armiño caía recto sobre sus pies. Llevaba en la cabeza un gorrito de tisú de plata y era pálida como el palacio de nieve en que había vivido siempre. Era tan pálida, que al pasar por las calles, se quedaban admiradas las gentes.-Parece una rosa blanca -decían. Y le echaban flores desde los balcones. A la puerta del castillo estaba el príncipe para recibirla. Tenía los ojos violetas y soñadores, y sus cabellos eran como oro fino. Al verla, hincó una rodilla en tierra y besó su mano. -Tu retrato era bello -murmuró-, pero eres más bella que el retrato. Y la princesita se ruborizó. -Hace un momento parecía una rosa blanca -dijo un pajecillo a su vecino-, pero ahora parece una rosa roja. Y toda la corte se quedó extasiada. Durante los tres días siguientes todo el mundo no cesó de repetir: -¡Rosa blanca, rosa roja! ¡Rosa roja, rosa blanca! Y el rey ordenó que diesen doble paga al paje. Como él no percibía paga alguna, su posición no mejoró mucho por eso; pero todos lo consideraron como un gran honor y el real decreto fue publicado con todo requisito en la Gaceta de la Corte.Transcurridos aquellos tres días, se celebraron las bodas. Fue una ceremonia magnífica. Los recién casados pasaron cogidos de la mano, bajo un dosel de terciopelo granate, bordado de perlitas. Luego se celebró un banquete oficial que duró cinco horas. El príncipe y la princesa, sentados al extremo del gran salón, bebieron en una copa de cristal purísimo. Únicamente los verdaderos enamorados podían beber en esa copa, porque si la tocaban unos labios falsos, el cristal se empañaba, quedaba gris y manchoso. -Es evidente que se aman -dijo el pajecillo-. Resultan tan claros como el cristal. Y el rey volvió a doblarle la paga. -¡Qué honor! -exclamaron todos los cortesanos. Después del banquete hubo baile. Los recién casados debían bailar juntos la danza de las rosas, y el rey tenía que tocar la flauta. La tocaba muy mal, pero nadie se había atrevido a decírselo nunca, porque era el rey. La verdad es que no sabía más que dos piezas y no estaba seguro nunca de la que interpretaba, aunque esto no le preocupase, pues hiciera lo que hiciera todo el mundo gritaba: -¡Delicioso! ¡Encantador! El último número del programa consistía en unos fuegos artificiales que debían empezar exactamente a media noche. La princesita no había visto fuegos artificiales en su vida. Por eso el rey encargó al pirotécnico real que pusiera en juego todos los recursos de su arte el día del casamiento de la princesa. -¿A qué se parecen los fuegos artificiales? -preguntó ella al príncipe, mientras se paseaban por la terraza. -Se parecen a la aurora boreal -dijo el rey, que respondía siempre a las preguntas dirigidas a los demás-. Sólo que son más naturales. Yo los prefiero a las estrellas, porque sabe uno siempre cuándo van a empezar a brillar y son además tan agradables como la música de mi flauta. Verán..., ya verán... Así pues, levantaron un tablado en el fondo del jardín real, y no bien acabó de prepararlo todo el pirotécnico real, cuando los fuegos artificiales se pusieron a charlar entre sí. -El mundo es seguramente muy hermoso -dijo un pequeño buscapiés-. Miren esos tulipanes amarillos. ¡A fe mía, ni aun siendo petardos de verdad, podrían resultar más bonitos! Me alegro mucho de haber viajado. Los viajes desarrollan el espíritu de una manera asombrosa y acaban con todos los prejuicios que haya podido uno conservar. -El jardín del rey no es el mundo, joven alocado -dijo una gruesa candela romana-. El mundo es una extensión enorme y necesitarías tres días para recorrerlo por entero. -Todo lugar que amamos es para nosotros el mundo -dijo una rueda unida en otro tiempo a una vieja caja de pino y muy orgullosa de su corazón destrozado- pero el amor no está de moda; los poetas lo han matado. Han escrito tanto sobre él, que nadie les cree ya, cosa que no me extraña. El verdadero amor sufre y calla... Recuerdo que yo misma, una vez..., pero no se trata de eso aquí. El romanticismo es algo del pasado. -¡Qué estupidez! -exclamó la candela romana-. La novela no muere nunca. ¡Se parece a la luna: vive siempre! Realmente, los recién casados se aman tiernamente. He sabido todo lo concerniente a ellos esta mañana por un cartucho de papel oscuro que estaba en el mismo cajón que yo y que sabe las últimas noticias de la corte. Pero la rueda meneó la cabeza. -¡El romanticismo ha muerto! ¡El romanticismo ha muerto! ¡El romanticismo ha muerto! -murmuró. Era una de esas personas que creen que repitiendo una cosa cierto número de veces, acaba por ser verdad. De pronto se oyó una tos fuerte y seca y todos miraron a su alrededor. Era un pequeño cohete de altivo continente atado a la punta de un palo. Tosía siempre antes de hacer una advertencia, como para llamar la atención. -¡Ejem! ¡Ejem! -exclamó. Y todo el mundo se dispuso a escucharle, menos la pobre rueda, que seguía moviendo la cabeza y murmurando: -¡El romanticismo ha muerto! -¡Orden! ¡Orden! -gritó un petardo. Tenía algo de político y había tomado siempre parte importante en las elecciones locales. Por eso conocía las frases empleadas en el Parlamento. -¡Ha muerto del todo! -suspiró la rueda. Y se volvió a dormir. No bien se restableció por completo el silencio, el cohete tosió por la tercera vez y comenzó. Hablaba con una voz clara y lenta, como si dictase sus memorias, y miraba siempre por encima del hombro a la persona a quien se dirigía. Realmente, tenía unos modales distinguidísimos. -¡Qué feliz es el hijo del rey -observó- por casarse el mismo día en que me van a disparar! Ni preparándolo de antemano podría resultar mejor para él; aunque los príncipes siempre tienen suerte. -¿Ah, sí? -dijo el pequeño buscapiés-. Yo creí que era precisamente lo contrario y que era usted a quien se disparaba en honor del príncipe. -Ése quizás sea su caso -replicó el cohete-. Casi diríase que estoy seguro de ello; pero en cuanto a mí, es ya diferente. Soy un cohete distinguido y desciendo de padres igualmente distinguidos. Mi madre era la girándula más célebre de su época. Tenía fama por la gracia de su danza. Cuando hizo su gran aparición en público, dio diecinueve vueltas antes de apagarse, lanzando por el aire siete estrellas rojas a cada vuelta. Tenía tres pies y medio de diámetro y estaba fabricada con pólvora de la mejor. Mi padre era cohete como yo y de origen francés. Volaba tan alto, que la gente temía que no volviese a descender. Descendía, sin embargo, porque era de excelente constitución e hizo una caída brillantísima, en forma de lluvia, de chispas de oro. Los periódicos se ocuparon de él en términos muy halagüeños, y hasta la Gaceta de la Corte dijo que "señalaba el triunfo del arte pilotécnico". -Pirotécnico, pirotécnico querrá decir -interrumpió una bengala-. Sé que es pirotécnico porque he visto la palabra escrita sobre mi caja de hoja de lata. -Pues yo digo pilotécnico -replicó el cohete en tono severo. Y la bengala se quedó tan apabullada, que empezó inmediatamente a mortificar a los buscapiés pequeños para demostrar que ella también era persona de bastante importancia. -Decía yo... -prosiguió el cohete-, decía yo... ¿qué es lo que yo decía? -Hablaba de usted mismo -repuso la candela romana. -Naturalmente. Sé que hablaba de alguna cosa interesante cuándo he sido tan groseramente interrumpido. Odio la grosería y las malas maneras, porque soy extremadamente sensible. No hay nadie en el mundo tan sensible como yo, estoy seguro de ello. -¿Qué es una persona sensible? -preguntó el petardo a la candela romana. -Una persona que porque tiene callos pisa siempre los pies a los demás -respondió la candela en un débil murmullo. Y el petardo casi estalló de risa. -¡Perdón! ¿De qué se ríe? -preguntó el cohete-. Yo no me río. -Me río porque soy feliz -replicó el petardo. -Es un motivo bien egoísta -dijo el cohete con ira-. ¿Qué derecho tiene para ser feliz? Debería pensar en los demás, debería pensar en mí. Yo pienso siempre en mí y creó que todo el mundo debería hacer lo mismo. Eso es lo que se llama simpatía. Es una hermosa virtud y yo la poseo en alto grado. Suponga, por ejemplo, que me sucediese algún percance esta noche. ¡Qué desgracia para todo el mundo! El príncipe y la princesa no podrían ya ser felices: se habría acabado su vida de matrimonio. En cuanto al rey, creo que no podría soportarlo. Realmente, cuando empiezo a pensar en la importancia de mi papel, me emociono hasta casi llorar. -Si quiere agradar a los demás -exclamó la candela romana-, haría mejor en mantenerse en seco. -¡Ciertamente! -exclamó la bengala, que no estaba de muy buen humor-, eso es sencillamente de sentido común. -¿Cree que es de sentido común? -replicó el cohete indignado-. Olvida que yo no tengo nada común y que soy muy distinguido. ¡A fe mía todo el mundo puede tener sentido común con tal de carecer de imaginación! Pero yo tengo imaginación, porque nunca veo las cosas como son. Las veo siempre muy diferentes de lo que son. En cuanto a eso de mantenerme en seco, es que no hay aquí, con toda seguridad, nadie que sepa apreciar a fondo un temperamento delicado. Afortunadamente para mí, no me importa nada. La única cosa que le sostiene a uno en la vida es el convencimiento de la enorme inferioridad de sus semejantes y éste es un sentimiento que he mantenido siempre en mí. Pero ninguno de ustedes tiene corazón. Gritan y se regocijan como si el príncipe y la princesa no estuviesen celebrando sus bodas. -¡Eh! -exclamó un pequeño globo de fuego-. ¿Y por qué no? Es una alegre ocasión y cuando estalle yo en el aire pienso comunicárselo a todas las estrellas. Ya verán cómo brillarán cuando las hable de la bella recién casada. -¡Oh, qué concepto más banal de la vida! -dijo el cohete-, pero no me esperaba yo menos. No hay nada en usted. Es hueco y vacío. ¡Bah! Quizás el príncipe y la princesa se vayan a vivir en un país en que haya un río profundo, quizás tengan un solo hijo, un pequeñuelo de pelo rizado y de ojos violeta como los del príncipe. Quizás vaya algún día a pasearse con su nodriza. Quizás la nodriza se duerma debajo de un gran sauce. Quizás el niño se caiga al río y se ahogue. ¡Qué terrible desgracia! ¡Los pobres perder su hijo único! Es terrible, realmente. No podré soportarlo nunca. -Pero no han perdido su hijo único -dijo la candela romana-. No les ha sucedido ninguna desgracia. -No he dicho que les haya sucedido -replicó el cohete-. He dicho que podría sucederles. Si hubiesen perdido a su hijo único, sería inútil decir nada sobre el suceso. Detesto a las personas que lloran por su cántaro de leche roto. Pero cuando pienso que han perdido a su hijo único, me siento verdaderamente tristísimo. -Ya lo veo -exclamó la bengala-. Realmente es usted la persona más afectada que he visto en mi vida. -Y usted la persona más grosera que he conocido -dijo el cohete-. No puede comprender mi afecto por el príncipe. -¡Bah! Ni siquiera lo conoce... -chisporroteó la candela romana. -No, nunca dije que le conociera -respondió el cohete-. Me atrevo a decir que si lo conociese no sería de ningún modo amigo suyo. Es cosa peligrosa conocer uno a sus amigos. -Mejor haría en mantenerse en seco -dijo el globo de fuego-. Eso es lo más importante. -Para usted no dudo que será importantísimo -respondió el cohete-. Pero yo lloraré si me viene en gana. Y el cohete estalló en lágrimas que corrieron sobre su vara en gotas de lluvia, ahogando casi a dos pequeños escarabajos que pensaban precisamente en fundar una familia y buscaban un bonito sito seco para instalarse. -Debe tener un temperamento verdaderamente romántico, pues llora cuando no hay por qué llorar -dijo la rueda. Y lanzando un profundo suspiro, se puso a pensar en la caja de madera. Pero la candela romana y la bengala estaban indignadas. Gritaban con todas sus fuerzas: -¡Pamplinas! ¡Pamplinas! Eran muy prácticas, y cuando se oponían a algo lo denominaban pamplinas. Entonces apareció la luna como un soberbio escudo de plata y las estrellas comenzaron a brillar y llegaron al palacio los sones de una música. El príncipe y la princesa dirigían el baile. Bailaban tan bien que los pequeños lirios blancos echaban un vistazo por la ventana contemplándolos, y las grandes amapolas rojas movían la cabeza, llevando el compás. En aquel momento sonaron las diez, luego las once y luego las doce, y a la última campanada de media noche, todo el mundo fue a la terraza y el rey hizo llamar al pirotécnico real. -Empiecen los fuegos artificiales-dijo el rey. Y el pirotécnico real hizo un profundo saludo y se dirigió al fondo del jardín. Tenía seis ayudantes. Cada uno llevaba una antorcha encendida sujeta a la punta de una larga pértiga. Fue realmente una soberbia irradiación de luz. -¡Ssss! ¡Ssss! -hizo la rueda que empezó a girar. -¡Bum! ¡Bum! -replicó la candela romana. Entonces los buscapiés entraron en danza y las bengalas colorearon todo de rojo. -¡Adiós! -gritó el globo de fuego mientras se elevaba haciendo llover chispitas azules. -¡Bang! ¡Bang! -respondieron los petardos, que se divertían muchísimo. Todos tuvieron un gran éxito, menos el cohete. Estaba tan húmedo por haber llorado que no pudo arder. Lo mejor que había en él era la pólvora y ésta se hallaba tan mojada por las lágrimas que estaba inservible. Toda su pobre parentela, a la que no se dignaba hablar sin una sonrisa despectiva, produjo un gran alboroto por el cielo, como si fuesen magníficos ramilletes de oro floreciendo en fuego. -¡Bravo! ¡Bravo! -gritaba la corte. Y la princesita reía de placer. -Creo que me reservan para alguna gran ocasión -dijo el cohete-. Indudablemente es eso. Y miraba a su alrededor con aire más orgulloso que nunca. Al día siguiente vinieron los obreros a colocarlo todo de nuevo en su sitio. -Evidentemente es una comisión -se dijo el cohete-. Los recibiré con una tranquila dignidad. Y engallándose empezó a fruncir las cejas como si pensase en algo muy importante. Pero los obreros no se dieron cuenta de su presencia hasta dejarlo atrás. Entonces uno de ellos lo vio. -¡Ah! -gritó-. ¡Qué mal cohete! Y le tiró al paso por encima del muro. -¡Mal cohete! ¡Mal cohete! -dijo éste girando por el aire-. ¡Imposible! Famoso cohete, eso es lo que han querido decir. Mal y famoso suenan para mí casi lo mismo, y a veces ambas cosas son idénticas. Y cayó en el lodo. -No es esto muy cómodo -observó-, pero sin duda es algún balneario de moda a donde me han enviado para que reponga mi salud. Mis nervios están muy desgastados y necesito descanso. Entonces una ranita de ojillos brillantes y de traje verde moteado, nadó hacia él. -Ya veo que es un recién llegado -dijo la rana-. ¡Bueno! Después de todo no hay nada como el fango. Denme un tiempo lluvioso y un hoyo y soy completamente feliz... ¿Cree que la tarde será calurosa? Así lo espero, porque el cielo está todo azul y despejado. ¡Qué lástima! -¡Ejem!, Ejem! -profirió el cohete tosiendo. -¡Qué voz más deliciosa tiene! -gritó la rana-. Parece el croar de una rana y croar es la cosa más musical del mundo. Ya oirá nuestros coros esta noche. Nos colocamos en el antiguo estanque de los patos junto a la alquería y en cuanto aparece la luna, empezamos. El concierto es tan sublime que todo el mundo viene a oírnos. Ayer, sin ir más lejos, oí a la mujer del colono decir a la madre que no pudo dormir ni un segundo durante la noche por nuestra causa. Es muy agradable ver lo popular que es una. -¡Ejem!, Ejem! -dijo el cohete. Estaba muy molesto de no poder salir de su mutismo. -¡Sí, una voz deliciosa! -prosiguió la rana-. Espero que venga al estanque de los patos. Voy a echar un vistazo a mis hijas. Tengo seis hijas soberbias y me inquieta mucho que el sollo tope con ellas... Es un verdadero monstruo y no sentiría el menor escrúpulo en comérselas. Así es que ¡adiós! Me agrada mucho su conversación, se lo aseguro. -¿Y llama conversación a esto? -dijo el cohete-. Ha charlado usted sola todo el rato. Eso no es conversación. -Alguien tiene que escuchar siempre -replicó la rana-, y a mí me gusta llevar la voz cantante en la conversación. Así se ahorra tiempo y se evitan disputas. -Pues a mí me gusta la discusión -dijo el cohete. -No lo creo -replicó la rana con aire compasivo-. Las discusiones son completamente vulgares, porque en la buena sociedad todo el mundo tiene exactamente las mismas opiniones. Adiós otra vez. Veo a mis hijas allá abajo. Y la ranita se puso a nadar nuevamente. -Es una persona antipática -dijo el cohete-, y mal educado. Detesto a las gentes que hablan de sí mismas como usted, cuando necesita uno hablar de uno mismo, como en mi caso. Eso es lo que se llama egoísmo y el egoísmo es una cosa aborrecible, sobre todo para los que son como yo, pues bien conocen todo mi carácter simpático. Debería tomar ejemplo de mí. No podría encontrar un modelo mejor. Ahora que tiene esa oportunidad, aprovéchela sin tardanza, porque voy a volver a la corte en seguida. Soy muy estimado en la corte. Ayer, el príncipe y la princesa se casaron en mi honor. Seguramente no estará enterada de nada de esto, ¡como es provinciana! -¡No se moleste en hablarle! -dijo una libélula posada en la punta de una espadaña-. Se ha ido. -Bueno, ¡ella se lo pierde y no yo! No voy a dejar de hablarle, sólo porque no me escuche. Me gusta oírme hablar. Es uno de mis mayores placeres. Sostengo a menudo largas conversaciones conmigo mismo y soy tan profundo que a veces no comprendo ni una palabra de lo que digo. -Entonces debe ser licenciado en filosofía -dijo la libélula. Y desplegando sus lindas alas de gasa, se elevó hacia el cielo. -¡Qué necedad demuestra al no quedarse aquí! -dijo el cohete-. Estoy seguro de que no habrá tenido muy a menudo la oportunidad de educar su espíritu; aunque después de todo me es igual. Un genio como el mío será apreciado con toda seguridad algún día. Y se hundió un poco más en el fango. Pasado un rato, una gran pata blanca nadó hacia él. Tenía las patas amarillas, los pies palmeados y la consideraban como una gran belleza por su contoneo. -¡Cuac!, ¡cuac!, ¡cuac! -dijo-. ¡Qué tipo más raro tiene usted! ¿Puedo preguntarle si ha nacido aquí o si es de resultas de algún accidente? -¡Cómo se ve que ha vivido siempre en el campo! De otro modo sabría quién soy. Sin embargo, disculpo su ignorancia. Sería descabellado querer que los demás fueran tan extraordinarios como uno mismo. Sin duda le sorprenderá saber que vuelo por el cielo y que caigo en una lluvia de chispas de oro. -No lo considero muy estimable -dijo la pata-, pues no veo en qué puede ser eso útil a nadie. ¡Ah! Si arara los campos como un buey; si arrastrase un carro como el caballo; si guardase un rebaño como el perro del ganado, entonces ya sería otra cosa. -Buena mujer -dijo el cohete con tono muy altivo-, veo que pertenece a la clase baja. Las personas de mi rango no sirven nunca para nada. Tenemos un encanto especial y con eso basta. Yo mismo no siento la menor inclinación por ningún trabajo y menos aún por esa clase de trabajos, que enumera. Además, siempre he sido de opinión que el trabajo rudo es simplemente el refugio de la gente que no tiene otra cosa que hacer en la vida. -¡Bien, bien! -dijo la pata, que era de temperamento pacífico y no reñía nunca con nadie-. Cada cual tiene gustos diferentes. De todas maneras, deseo que venga a establecer aquí su residencia. -¡Nada de eso! -exclamó el cohete-. Soy un visitante, un visitante distinguido y nada más. El hecho es que encuentro este sitio muy aburrido. No hay aquí ni sociedad ni soledad. Resulta completamente de barrio bajo... Volveré seguramente a la corte, pues estoy destinado a causar sensación en el mundo. -Yo también pensé en entrar en la vida pública -observó la pata-. ¡Hay tantas cosas que piden reforma! Así pues, presidí, no hace mucho, un mitin en el que votamos unas proposiciones condenando todo lo que nos desagradaba. Sin embargo, no parecen haber surtido gran efecto. Ahora me ocupo de cosas domésticas y velo por mi familia. -Yo he nacido para la vida pública y en ella figuran todos mis parientes, hasta los más humildes. Allí donde aparecemos, llamamos extraordinariamente la atención. Esta vez no he figurado personalmente, pero cuando lo hago, resulta un espectáculo magnifico. En cuanto a las cosas domésticas, hacen envejecer y apartan el espíritu de otras cosas más altas. -¡Oh, qué bellas son las cosas altas de la vida! -dijo la pata-. ¡Esto me recuerda el hambre que tengo! Y la pata volvió a nadar por el río, continuando sus ¡cuac... cuac... cuac...! -¡Vuelva, vuelva! -gritó el cohete-. Tengo muchas cosas que decirle. Pero la pata no le hacía ningún caso. -Me alegro de que se haya ido. Tiene realmente un espíritu mediocre. Y hundiéndose un poco más en el fango, empezaba a reflexionar sobre la belleza del genio, cuando de repente dos chiquillos con blusas blancas llegaron al borde de la cuneta con un caldero y unos leños. -Ésta debe ser la comisión -dijo el cohete. Y adoptó una digna compostura. -¡Oh! -gritó uno de ellos-. Mira este palo viejo. ¡Qué raro que haya venido a parar aquí! Y sacó el cohete de la cuneta. -¡Palo viejo! -refunfuñó el cohete-. ¡Imposible! Habrá querido decir palo precioso. Palo precioso es un cumplido. Me toma por un personaje de la corte. -¡Echémoslo al fuego! -dijo el otro muchacho-. Así ayudará a que hierva la caldera. Amontonaron los leños, colocaron el cohete sobre ellos y prendieron fuego. -¡Magnífico! -gritó el cohete-. Me colocan a plena luz. Así todos me verán. -Ahora vamos a dormir! -dijeron los niños-, y cuando nos despertemos estará ya hirviendo la caldera. Y acostándose sobre la hierba cerraron los ojos. El cohete estaba muy húmedo. Pasó un buen rato antes de que ardiese. Sin embargo, al fin, prendió el fuego en él. -¡Ahora voy a partir! -gritaba. Y se erguía y se estiraba. -Sé que voy a subir más alto que las estrellas, más alto que la luna, más alto que el sol. Subiré tan arriba que... -¡Fisss! ¡Fisss! ¡Fisss! Y se elevó en el aire. -¡Delicioso! -gritaba-. Seguiré subiendo así siempre. ¡Qué éxito tengo! Pero nadie lo veía. Entonces comenzó a sentir una extraña impresión de hormigueo. -¡Voy a estallar! -gritaba-. Incendiaré el mundo entero y haré tanto ruido, que no se hablará de otra cosa en un año. Y, en efecto, estalló. -¡Bang! ¡Bang! ¡Bang! -hizo la pólvora. La pólvora no podía hacer otra cosa. Pero nadie oyó, ni siquiera los dos muchachos que dormían profundamente. No quedó del cohete más que el palo que cayó sobre la espalda de una oca que daba su paseo alrededor de la zanja. -¡Cielos! -exclamó-. ¡Ahora llueven palos! Y se tiró al agua. -¡Me parece que he causado una gran sensación! -musitó el cohete. Y expiró.
SIGNOS DE PUNTUACION:
PUNTO SEGUIDOYo pienso en mi, yo creo que todo el mundo debe hacerlo mismo. Eso se llama simpatía.
SIGNOS DE ADMIRACION¡El romanticismo ha muerto!¡Oh, que bellas son las cosas mas elevadas de la vida!
COMA EXPLICATIVAGrito un petardo, que tenia algo- exclamo un político la plata.
COMA VOCATIVAExcepto la pobre girándola, que continuaba meneando la cabeza,
COMA EXPLICATIVALos recién casados, por ejemplo, se aman mucho.
COMA ELIPTICATenía los platos amarillos, los pies palmeados.
COMA PREPOCICIONAL* El cohete estaba muy húmedo, de modo que paso un joven rato antes que arriba* Como bueno, hasta la vista.
GUION -yo he nacido para la vida pública y en ella actual todos mis parientes.
SIGNOS DE INTERROGACION ¿Cómo son los juegos de artificio?Preguntontandole la princesa al esposo una mañana se paseaba con el, por los jardines del castillo.
PUNTO Y COMA ENUMERATIVO La princesa iba reclinada entre sus alas y un largo manto de armiñote llegaba hasta lo pies; tenia la cabeza cubierta con un hermoso gorrito de tisú de plata, y era tan blanca como el palacio de nieven el que siempre viviera.
COMA ELIPTICA -¡oh, que bellas son las cosas mas elevadas de al vida!-exclamo la pata-, eso me hace recordar el hambre que tengo.
PUNTOS SUSPENCIVOSNo hay aquí ni sociedad ni soledad. Resulta completamente de barrio bajo…
PUNTO FINAL-¡Me parece que he causado una gran sensación! -musitó el cohete.Y expiró.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

POEMA INSPIRADO EN ARTURO

UN ADMIRADOR

Cuando te veo estoy feliz
Eres muy linda, eres perfecta
No creo que nadie haya estado muy cerca de ti
Me pones a soñar cada vez que te veo
Espero tocarte algún día, sentirte cerca de mí
Siento celos cuando los demás te observan y te admiran
Pero eres la única en el mundo, no existe otra como tu
Le agradezco a Dios por tu existencia
Y te agradezco a ti por iluminar todas mis noches
Quiero verte, observarte y admirarte por el resto de mis noches
Lastima que estés tan lejos
Te amare por siempre y se que estarás ahí
Como siempre tan blanca y pura, de forma circular
Siempre iluminando las noches
Eres hermosa
Eres tú mi luna

POEMA INSPIRADO EN NERUDA

UN TIEMPO

El tiempo que tú requieres lo tienes
Yo estaré aquí esperando a que tú regreses
Sufriré cada segundo que pase lejos de tu vida
Nunca dejare de quererte
Mi corazón late cuando te siente cerca
Ahora morirá lentamente
Entre mas largo sea el tiempo que estés lejos
Más doloroso será el sufrimiento que llevo dentro de mí
Siento frío mi pecho y de solo pensar que te iras brotan lagrimas de mis ojos
En realidad no se si soportare tanto dolor…

No se que hice mal
No se en que falle
No se que falto
Lo único que se es que te amo y moriré al verte partir

miércoles, 18 de noviembre de 2009

AURELIO ARTURO

Nació en 1906 (La Unión, Nariño) Doctor en Derecho.
Se publica en 1928, sus primeros poemas en la revista Universidad; trabajo como funcionario del Ministerio de Defensa; se editó el libro, Morada al Sur en (1963) y obtuvo el Premio Nacional de Poesía Guillermo Valencia. Murió en 1974, en Bogotá.

SILENCIO

CABELLERAS y sueños confundidos
cubren los cuerpos como sordos musgos
en la noche, en la sombra bordadora
de terciopelos hondos y de olvidos.

Oros rielan el cielo como picos
de aves que se abatieran en bandadas,
negra comba incrustada de oros vivos,
sobre aquel gran silencio de cadáveres.

Y así solo, salvado de la sombra,
junto a la biblioteca donde vaga
rumor de añosos troncos, oigo alzarse
como el clamor ilímite de un valle.

Ronco tambor entre la noche suena
cuando están todos muertos, cuando todos,
en el sueño, en la muerte, callan llenos
de un silencio tan hondo como un grito.

Róndeme el sueño de sedosas alas,
róndeme cual laurel de oscuras hojas
mas oh el gran huracán de los silencios
hondos, de los silencios clamorosos.

Y junto a aquel vivac de viejos libros,
mientras sombra y silencio mueve sorda
la noche que simula una arboleda,
te busco en las honduras prodigiosas,
ígnea, voraz, palabra encadenada.

CANCIÓN DE HADAS

Hadas divinas hadas!
Creer en las hadas
en las rosadas, felices noches estivales,
y también en esas noches extrañas
cuando entre abismos de sombras en el silencio
del silencio
se encuentra de súbito una líquida palabra melodiosa
como una fresca agua recóndita, un agua
de dulce mirada.
¿No creer ya en las hadas?
Pero entonces... Yo creo, ciertamente,
que mi antigua haya era una reina de hadas,
y lo supe cuando en el cielo de su mirada
subían rosas ardientes y cuando su palabra
quemó mi piel sin dejar señales,
y porque en su corpiño, bajo las sedas
le palpitaban palomas blancas.

Ahora el silencio
un silencio duro, sin manantiales,
sin retamas, sin frescura,
un silencio que persiste y se ahonda
aun detrás del estrépito
de las ciudades que se derrumban.
Y las hadas se pudren en los estanques muertos
entre algas y hojas secas
y malezas,
o se han transformado en trajes de seda
abandonados en viejos armarios que se quejan,
trajes que lucieron ciñéndose a la locura de las da
entre luces y músicas.

Pablo Neruda (1904-1973)

Neftalí Ricardo Reyes Basoalto el seudónimo de Pablo Neruda, nació en Parral en 1904, sus padres José del Carmen Reyes Morales, de profesión obrero ferroviario y doña Rosa Basoalto Opazo, maestra de escuela.
En 1945 obtiene el premio Nacional de Literatura; 1950 publica Canto General, poesía social; 1952 publica Los versos del capitán; 1954 publica Las uvas y el viento y Odas elementales; 1965 se le otorga el título de doctor honoris causa en la Universidad de Oxford, Gran Bretaña; octubre de 1971 recibe el Premio Nobel de Literatura; 23 de septiembre de 1973 muere en Santiago; 1974 se publicaron sus memorias, con el título Confieso que he vivido.

20 POEMAS DE AMOR Y UNA CANCION DESESPERADA.

Poema 1
Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos, te pareces al mundo en tu actitud de entrega. Mi cuerpo de labriego salvaje te socava y hace saltar el hijo del fondo de la tierra. Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros y en mí la noche entraba su invasión poderosa. Para sobrevivirme te forjé como un arma, como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda. Pero cae la hora de la venganza, y te amo. Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme. Ah los vasos del pecho! Ah los ojos de ausencia! Ah las rosas del pubis! Ah tu voz lenta y triste! Cuerpo de mujer mía, persistirá en tu gracia. Mi sed, mi ansia sin limite, mi camino indeciso! Oscuros cauces donde la sed eterna sigue, y la fatiga sigue, y el dolor infinito.

Poema 4
Es la mañana llena de tempestad en el corazón del verano. Como pañuelos blancos de adiós viajan las nubes, el viento las sacude con sus viajeras manos. Innumerable corazón del viento latiendo sobre nuestro silencio enamorado. Zumbando entre los árboles, orquestal y divino, como una lengua llena de guerras y de cantos. Viento que lleva en rápido robo la hojarasca y desvía las flechas latientes de los pájaros. Viento que la derriba en ola sin espuma y sustancia sin peso, y fuegos inclinados. Se rompe y se sumerge su volumen de besos combatido en la puerta del viento del verano.

Poema 7
INCLINADO en las tardes tiro mis tristes redes a tus ojos oceánicos. Allí se estira y arde en la más alta hoguera mi soledad que da vueltas los brazos como un náufrago. Hago rojas señales sobre tus ojos ausentes que olean como el mar a la orilla de un faro. Solo guardas tinieblas, hembra distante y mía, de tu mirada emerge a veces la costa del espanto. Inclinado en las tardes echo mis tristes redes a ese mar que sacude tus ojos oceánicos. Los pájaros nocturnos picotean las primeras estrellas que centellean como mi alma cuando te amo. Galopa la noche en su yegua sombría desparramando espigas azules sobre el campo.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Terminologia

· Substantivo o Sustantivo o Nombre: es la palabra que sirve para identificar una cosa. Responde a las preguntas ¿Qué es esto? O ¿Cómo se llama?
· Los Pronombres: son los que remplazan al sustantivo. Yo, tú, el, nosotros, vosotros, ellos, etc. En pocas palabras; los pronombres son sustantivos.
· Adjetivo: es el que modifica al sustantivo. Unos determinan (él, la, nuestro, su…), otros califican (puntiagudo, fucsia, otoñal, linda, intensivo…)
· Los Artículos: (el, la, los, las, un, una, unos, unas) son adjetivos.
· Verbo: indica la acción, pasión o movimiento. Es esencial para expresar una idea, tanto que si no hay verbo no hay oración.
Hay cuatro formas vrebales que no cumplen función de verbo en la oración:
El Infinitivo, que es sustantivo (amar,cantar)
El Participativo Presente o Activo, que es sustantivo (gerente, adolecente)
El Participio Pasado o Pasivo, que es adjetivo (amado, perdido)
El Gerundio, que es adverbio de modo (subiendo, usando)
Los verbos son transitivos o intransitivos.
· Adverbio: es el que modifica al verbo.
· Preposición: da significado a sustantivos, adjetivos, verbos y adverbios. (a, ante, aun, bajo, cabe, como, con contra, de, desde, durante, en, entre, ex, extra, hacia, hasta, in, incluso, mediante, para, por, pro, según, sin, so, sobre, tras).
Basta con cambiar la preposición para que inmediatamente cambie el significado.
· Prefijo y Sufijo: no son palabras sino elementos que se unen a un sustantivo o a un adjetivo para formar una nueva palabra.
Prefijos: sub-, vice-, súper-…
-mente, -isimo, -azo…
· Conjunción: ésta une. (y, e, ni, que, aunque, porque, o, u, sin embargo, así mismo, por lo tanto.
También aquí el significado cambia, según cambie la conjunción.
· Interjección: es una exclamación que puede tener autonomía total o puede estar al comienzo, al final o en medio de un discurso. (oh, ah, uy, bah, zaz…)
· Frase: conjunto de palabras.
· Oración: es la expresión de una idea completa. Se requiere de un verbo, muchas veces este es la oración debido a que expresa una idea completa.
· Párrafo: se forman con una sola oración o con un conjunto de oraciones debidamente relacionadas y que hablan del mismo tema.
· Gramática: conjunto de normas que rigen el idioma. Incluye ortografía, fonética, sintaxis y semántica.
· Fonética: estudia y reglamenta la pronunciación de las palabras.
· Ortografía: correcta escritura de las palabras.
· Sintaxis: el orden de las palabras, correcta relación de las palabras para formar frases, oraciones, párrafos y sobre su correcta puntuación.
· Semántica: estudia el significado de las palabras.

La coma no es repiratoria

Los signos de puntuación no se escriben para indicar las pausas respiratorias.
Los signos de puntuación obedecen a la estructura del texto, y lo más importante, son los que le dan el significado preciso al escrito.
La meta es muy clara que cada coma y cada punto estén donde deben estar, porque el significado del texto lo exige así.

La coma

Las oraciones determinativas (s+v+c) no llevan coma.
La coma no es un signo ni respiratorio ni estético.
La esencia de la oración va sin comas, ej.
Nuestra empresa vendió 116 litros de yogurt a sus clientes de cali.
Vendió = verbo
Nuestra empresa = sujeto (Quien)
116 litros de yogurt = complemento directo (Que)
A sus clientes de Cali = complemento indirecto (A Quien)
La parte determinativa expresa la esencia y los complementos circunstanciales expresan los accidentes de la idea.
Esencial = lo sustancial, lo definitivo, lo importante.
Accidentes = lo circunstancial, los datos menos importantes.
Aunque cambie el orden la esencia va sin comas porque no se separa con coma el sujeto del verbo, ni el verbo del complemento directo, ni el complemento directo del indirecto.
Existen verbos transitivos e intransitivos.
Los verbos transitivos son los que exigen un complemento directo (un Que o un A Quien)
Los verbos intransitivos no necesitan del complemento directo.
El complemento no solo puede ser directo también puede ser preposicional, es decir que el complemento empieza con una preposición.

Las oraciones determinativas (sin coma) con verbo intransitivo pueden ser:
· Solo verbo = amaneció.
· Adverbio y verbo = ya amaneció.
· Sujeto, verbo y complemento preposicional = mi favorito pasea por los caminos reales.

Las oraciones que tienen sujeto, verbo intransitivo y complemento preposicional son oraciones determinativas y, por eso, no llevan coma.
Existen 10 clases de comas:

v Vocativa.
v Enumerativa.
v Circunstancial.
v Sicológica.
v Explicativa.
v Adversativa.
v Elíptica.
v De enlace.
v Decimal.
v Bibliográfica.

jueves, 29 de octubre de 2009

EPÍFANO

Estoy triste, no me explico como esos hermosos ojitos verdes derraman tantas lagrimas que recorren por su delicado rostro, su cabello color rojizo intenta cubrir la melancolía que sus gestos expresan; no sé el motivo de su depresión, quisiera consolarla, quisiera secar sus lagrimas, como anhelo verla sonreír porque su sonrisa me llana de vida, pero no me atrevo siquiera a preguntarle ¿Por qué estas triste?

No soporto mirar una tierna niña llena de tanta nostalgia, mi corazón palpita cada vez más lento, su tristeza me ha contagiado.

Espero que no este así por mucho tiempo, de lo contrario me romperá el corazón

OTRO FINAL DE LA HISTORIA

Cuando el ruiseñor fue a contarle al joven que iba a sacrificar su vida por conseguir aquella rosa roja que le daría la oportunidad de conquistar a esa hermosa mujer, el estudiante lo escucho atentamente, y con el llanto aun en su rostro, reflexiono y pensó que iba a perder al ruiseñor; aquel que le cantaba todos los días sin ni siquiera conocerlo, y no estuvo de acuerdo con su idea.

A pesar de que el ruiseñor insistió e insistió en la idea, el joven estudiante le pidió que por favor desistiera de esta.

El joven fue al baile pero no con una rosa roja sino con una rosa amarilla mostrando todo su amor por tan hermosa jovencita,; y esta no se la recibió y le dijo que mas importante eran las joyas que el sobrino del maestro de ceremonia le había regalado.

El joven salió furioso del baile, pero se quedo con su amigo el ruiseñor aquel que casi muere por un amor imposible.

EN VIDA

Cuento en cuatro (4) párrafos.

En uno de los barrios más vulnerables de la ciudad de Medellín existía un joven llamado Harrison el cual vivía con toda su familia conformada por: sus dos hermanitas, sus dos hermanitos y su madre llamada Hilda.

El padre de Harrison los había abandonado desde el día en que nació su ultima hermanita, pero Harrison nunca valoro todo lo que su madre hacia por él y por sus hermanos.

Harrison no tuvo buenas amistades y se dedico al robo, a las drogas e incluso al sicariato y no precisamente para colaborarle a su madre sino para sus fiestas, para sus mujeres y su consumo de drogas y alcohol.

Cuando se dio cuenta de todo el daño y el sufrimiento que le había hecho padecer a su madre durante tantos tiempo, quiso retractarse, pero ya era demasiado tarde, pues su madre estaba enferma y agonizando. Harrison pidió perdón e incluso le prometió a su madre que iba a cambiar su forma de ser y su comportamiento; Hilda con su último aliento le dijo: “no puedo hijo, no puedo perdonarte” y murió.

lunes, 28 de septiembre de 2009

AUTOBIOGRAFIA DE: MARIO VILLOTA

Mario Alejandro Villota Luna nació en la ciudad de San Juan de Pasto (Nariño) el 1 de julio de 1987.

Prácticamente fue un milagro su nacimiento debido a que 6 años atrás; la madre, que sufría del corazón había tenido una niña que afortunadamente pese al riesgo nació sana, pero los médicos le dijeron que no podía tener más hijos. Seis años tarde quedo en embarazo con alto riesgo de perder el niño pero gracias a Dios si nació y sano.

Vivía en Sibundoy (Putumayo), ahí realizo sus estudios de básica primaria en colegio Seminario y el bachillerato, mas exactamente desde octavo (8), a once (11): en la Institución Educativa Champagnat.

La relación con sus padres no fue la mejor en su niñez y su adolescencia debido al trabajo de ellos; también porque siguieron sus estudios.

“No me gusta la soledad pero en ocasiones toca acostumbrarse a ella y en medio de esta uno aprende a conocerse a si mismo, y a reflexionar sobre errores para crecer como persona”

En la adolescencia se revelo debido a que empezó a ingerir alcohol; descuido sus estudios, no aceptaba los consejos de sus padres, exigía y no respondía. Luego se aferro a lo espiritual, musical y deportivo. Dejo las malas amistades y consiguió buenos amigos.

Algo muy personal es que no le gusta contar sus problemas es decir se guarda sus cosas; es por eso ahora cuando está triste y con problemas escucha música, escribe, etc.

“Mis buenos recuerdos se centran en las navidades porque estoy con mi familia y todos la pasamos muy bien” Mario Alejandro Villota.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

ORTOGRAFÍA

Descripción de mi habitación
Para realizar la descipción de mi cuarto, empezaré comentando como es mí casa o mejor mí apartamento: vivo en la Manzana 1 Casa 5 del Barrio Sindamanoy; mí apartamento consta de 2 alcobas, baño, cocina, sala-comedor y terraza.
Mí cuarto, se podría decir que es el principal del apartamento debido a que tiene vista hacia la calle. Es relativamente pequeño, aproximadamente con medidas de: 2mts de alto, por 6 mts de largo y 5 mts de ancho. Con una ventana muy grande con vista hacia la calle.
Mí habitación es de color blanco, y en las paredes tengo pegadas algunas calcomanías de automóviles y motocicletas de carreras.
Junto a la ventana se encuentra mí cama, que a propósito es muy grande (cama doble), de color café. Frente a ella esta el televisor de 24 pulgadas y este se ubica sobre una mesa del mismo color de la cama y el tocador, al lado derecho de mi cama tengo un nochero donde guardo todas mis cosas personales y a un lado del nochero se encuentra mi tocador donde están todas las cosas de aseo personal y mi ropa.